Un pintor llamado Luisito Santana

Publicado el Thursday, August 16, 2018

Hablar de la influencia que nos llega a través de los grandes maestros ó exponentes de las distintas corrientes artísticas sin duda alguna nos ayuda a reconocer y entender que sus contribuciones a nuestra formación como pintores son fundamentales; más sin embargo cuando dicha influencia nos viene de un artista que es nuestro amigo la energía que recibimos de su obra es más vívida.

Cuando las experiencias del artista logran tocarnos es fantástico, pero si además tenemos la surte de su compañía y disfrutar de sus conversaciones su obra adquiere otra dimensión ya que frente a nosotros se develan una serie de vivencias que nos permiten entenderla más; esta sensación se transforma en complicidad cuando somos parte de sus andanzas y participes de incontables corredurías que solo las buenas anécdotas nos ofrecen.

Luisito Santana siempre vivió como todo “un artista”, dotado de una gran sensibilidad y capacidad técnica muy por encima del común de los que éramos sus compañeros de clase, argumento que le permitió tener el gran privilegio de vivir enteramente del arte.
Su peregrinar por esta tierra fue sin prisas pero con unas ganas de devorarse la vida que pareciera que solo pintar le daba esa calma que pareció siempre anhelar; paradójicamente era un tipo que a la más mínima provocación se dejaba embriagar por una risa tan desgarbada que semejaba más a un ronquido el cual le cortaba la respiración  al esforzarse por jalar más aire tan solo para continuar riendo, provocando con ello la risa en todos lo que lo escuchábamos esa “rictus” tan suyo.

Tengo muy presentes nuestras largas caminatas sobre la vía del tren, así sin más propósito que matar la tarde ó quizás solo para aporrear aún más sus viejos guaraches de suela de llanta manchados de pintura> De igual forma  le encantaba el jugo de naranja pero con “vodkita” mientras  inhalaba el humo de sus carcajadas al gastarse hasta el último peso en su monedero con el simple propósito de hacer pasarla bien a la gente que quería. Su personalidad estaba forjada por los excesos propios del cliché de ser artista hecho que  lo hacía ser una persona capaz de saltar al vació tan solo para constatar que seguía vivo. De su obra plástica se pude observar como la psicodelia y el figurativismo estaban en descarado concubinato por ello se podía observar un estupendo manejo del color el cual siempre me provoco un escozor muy parecido a la envidia debido a las gamas cromáticas de tal naturalidad que parecían no haberse hecho con esfuerzo alguno; de igual forma gozaba de una pulcritud tal que nunca lo vi generar un batidillo (nombre que recibe el hecho de ensuciar colores al mezclarlos).  Luisito siempre utilizaba la cantidad de pintura exacta para no quedarse corto ó desperdiciar gota alguna y solía brindar la gama correcta que cada pieza le demandaba; aunado a esto su  manejo de las formas  dejaba asomar un estilo único que le permitía recrear gatos de apariencia tan pacheca que resultaba muy normal verlos junto a vacas aladas que revoloteaban quitadas de la pena cohabitando en un mismo lienzo.

Me gusta recordarlo y saber que siempre conté con su sugerencia amable e intentos fallidos para hacerme entender que el circulo cromático no debía de ser memorizado como si fuese una tabla de multiplicar, sino por el contrario debía de ser parte inherente de un dialogo con la obra en curso; Luisito represento gran pare de mi universidad, en las buenas y en las malas terminamos esta etapa de nuestra vida como dos grandes amigos y fue la propia vida la que se encargo de que cada cual tomará su camino hasta que llego el tiempo en que nuestras reuniones fueron tan escasas  que el paso del tiempo solía medirlo al constara la madurez que su obra iba adquiriendo.
Un día como cualesquier otro me despedí de el en una charla telefónica de larga distancia, fue la última vez que escuche su voz; de su obra queda poco en parte porque la gran mayoría eran murales que el tiempo se ha encargado de devorar por otra parte el registro fotográfico de su trabajo es casi nulo hecho del cual me gusta culpar a la era de la fotografía análoga.

Mis #DosMonedas sobre la influencia de su trabajo es tan implacable que puedo afirmar que en gran parte Nono debe su energía y deseo de arrancarle momentos trascendentes a la vida a través de la pintura.

Nunca imagine no volver a verlo pintar y ahora sé, que desde donde este lo sigue haciendo.
Descanse en paz, pintor, mentor y amigo Luis Santana.